
Mercado de mariscos de Popotla
Más que un lugar para comer, Popotla es la experiencia gastronómica más auténtica de todo Rosarito: un pueblo pesquero en miniatura, escondido tras un arco a la altura del km 33 de la carretera libre, justo al lado de los estudios Baja Studios donde se filmó Titanic. Aquí no hay valet ni menús plastificados: hay pangas que llegan directo a la playa con la captura del día, mesas de mariscos frescos sobre la arena y un enjambre de comedores familiares apilados sobre las rocas.
El ritual es el corazón del asunto: caminas entre los puestos del mercado, eliges tu pescado entero, tus almejas, tus ostiones o tu erizo fresco, negocias el precio —regatear un poco es parte del juego— y te lo cocinan ahí mismo como quieras: zarandeado, frito entero o en ceviche. También puedes sentarte directo en alguno de los comedores establecidos, como Mariscos La Estrella, y dejar que ellos hagan todo el trabajo.
Las tostadas de erizo y las almejas vivas con limón son la prueba de fuego de los valientes; el pescado zarandeado entero, el plan seguro para todos los demás. Anthony Bourdain pasó por aquí y quedó prendado, y las crónicas de viaje de 2024-2026 siguen contando lo mismo: un pedazo de la Baja de antes, con caminos de tierra, gaviotas peleoneras y cero pretensiones.
Los precios son de mercado: una comilona sale en una fracción de lo que costaría en la zona turística, siempre en efectivo — lleva pesos en denominaciones chicas, aunque los dólares también circulan. El gran día es el fin de semana, cuando el pueblo entero huele a mariscada y suele haber música; entre semana es otra cosa, casi privada. Consejo de cierre: ponte zapatos que aguanten terracería y llega con hambre de verdad — aquí las porciones no conocen la moderación.
No te puedes perder
- ◆Elegir tu pescado directo de la panga
- ◆Tostadas de erizo fresco
- ◆Pescado entero zarandeado o frito
- ◆Almejas y ostiones al momento
